¿Para qué discutir con quien carece
de cordura y afán de hacer las paces?
De entenderme serán siempre incapaces,
tal asunto la pena ni merece.
Es mejor que haya paz que no que empiece
otra guerra, pues suelen son tenaces
enemigos; son lerdos, pero audaces
y hasta el fin seguirán. Siempre en sus trece.
¿Llevar quieren razón? ¡Pues toda suya!
Preferible es ceder que la cabeza
su furor alocado me destruya,
que con ellos no sirve la destreza
de mi pluma afilada como puya.
Es mejor que me rinda a su torpeza.
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